Gracias a Vaca Muerta: entre 2031 y 2032 Neuquén superaría a Buenos Aires, para ser la principal provincia exportadora de la Argentina
En 2021 no figuraba entre las primeras diez, pero en 2027 superaría a Córdoba, en 2028 a Santa Fe y a principios del próximo decenio a la provincia más grande y poblada del país
Neuquén se encamina a protagonizar un cambio histórico en el mapa exportador argentino. El fuerte crecimiento de Vaca Muerta podría llevar a la provincia a superar a Córdoba en 2027, a Santa Fe en 2028 y, entre 2031 y 2032, alcanzar el primer lugar nacional, desplazando a Buenos Aires.
La proyección surge de un análisis del IERAL de la Fundación Mediterránea, elaborado a partir de distintos escenarios de producción y precios de los hidrocarburos. El estudio toma como referencia el origen provincial de las exportaciones, independientemente del puerto desde el cual se realicen los embarques.
El cambio resulta significativo: en 2021 Neuquén ni siquiera estaba entre las diez provincias con mayores exportaciones. Actualmente ocupa el cuarto lugar, impulsada principalmente por el petróleo y gas no convencionales de Vaca Muerta.
La expansión prevista de la producción petrolera, las nuevas obras de infraestructura y el desarrollo de proyectos destinados a exportar gas natural licuado aparecen como los principales factores detrás de este crecimiento.
Durante décadas, Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba concentraron buena parte de las exportaciones argentinas, sostenidas por el complejo agroindustrial, la industria automotriz y otras manufacturas. El avance de Vaca Muerta está modificando progresivamente ese esquema.
El impacto también se observa en el territorio. Añelo, epicentro de la actividad petrolera neuquina, pasó de tener alrededor de 1.500 habitantes a unos 15.000. Además, recibe decenas de miles de trabajadores vinculados directa o indirectamente con la actividad hidrocarburífera cada semana.
Si las proyecciones se cumplen, Neuquén no solo se convertirá en la principal provincia exportadora del país, sino que marcará un cambio profundo en la estructura productiva argentina: el petróleo y el gas pasarían a tener un peso cada vez mayor frente al histórico liderazgo de las actividades agroindustriales.



