Cuando internet no permite que una persona deje atrás su pasado
Una denuncia, una imputación o una investigación judicial pueden terminar, pero en internet el pasado puede seguir apareciendo durante años. Con la expansión de la inteligencia artificial, además, esa información ya no solo es encontrada: puede ser reunida, relacionada y presentada nuevamente como parte de la historia de una persona.
El problema adquiere especial gravedad cuando el contenido fue desmentido, terminó en un sobreseimiento o quedó contradicho posteriormente por una resolución judicial. Una persona puede haber sido investigada sin haber sido condenada y, sin embargo, continuar asociada públicamente con aquella acusación.
El propio Código Penal argentino plantea un límite significativo. Su artículo 51 establece que los organismos oficiales deben abstenerse de informar datos de procesos terminados por sobreseimiento o absolución. Además, determina que los registros de las sentencias condenatorias caducan a todos sus efectos después de determinados plazos.
La paradoja aparece cuando se compara esa protección con el funcionamiento de internet. Mientras el Estado puede dejar de informar determinados antecedentes, buscadores, redes sociales y sistemas de inteligencia artificial pueden continuar recuperando y difundiendo información antigua.
La inteligencia artificial agrega una nueva dificultad: puede reconstruir una trayectoria a partir de múltiples fuentes y, si no incorpora adecuadamente el desenlace judicial, terminar confundiendo una acusación con una condena o presentar como actual un hecho ocurrido hace décadas.
Esto no significa que toda información deba desaparecer. Una noticia verdadera puede conservar valor histórico o interés público. El desafío consiste en establecer cuándo una información dejó de cumplir una función informativa y comenzó a convertirse en una forma de estigmatización permanente.
Una posible respuesta no sería borrar indiscriminadamente contenidos, sino aplicar mecanismos graduales: actualizar la información, incorporar el resultado judicial, contextualizar los hechos, reducir su prominencia o, cuando ya no exista interés público actual, desindexarlos de las búsquedas asociadas al nombre de una persona.
El debate recién comienza. La tecnología puede recordar prácticamente todo. La pregunta que deberá responder el derecho es otra: ¿todo lo que puede ser recordado debe permanecer para siempre asociado a una persona?



