¿Le pago al banco, la tarjeta o a la fintech?: cuál es el crédito más caro y riesgoso si se incumple
La morosidad en los créditos personales alcanzó en 2026 su nivel más alto en más de dos décadas y encendió una alarma en todo el sistema financiero argentino. Según datos del sector, el 11% de los préstamos tomados por familias ya se encuentra en situación irregular, cuando hace apenas un año el índice era de 2,94%. El deterioro no fue repentino: lleva 16 meses consecutivos de aumento.
El problema golpea con más fuerza fuera de la banca tradicional. Mientras los bancos registran niveles de mora cercanos al 9%, en fintech y plataformas digitales la cifra trepa hasta el 25%. El Banco Provincia estima además que casi dos de cada diez argentinos ya tienen atrasos en sus pagos y que un tercio enfrenta dificultades para cumplir con sus cuotas.
Especialistas señalan que el origen del fenómeno está en la combinación de salarios rezagados y tasas de interés extremadamente altas. Entre 2019 y 2025, entidades no financieras llegaron a ofrecer créditos con costos que superaron el 800% anual, muy por encima de los bancos tradicionales. El resultado fue un crecimiento del endeudamiento difícil de sostener para miles de familias.
La situación tiene consecuencias concretas. Tanto bancos como fintech reportan a la Central de Deudores del Banco Central, un registro que clasifica a quienes acumulan atrasos. Superar los 90 días de mora puede bloquear el acceso a nuevos créditos en todo el sistema financiero.
Sin embargo, existen diferencias importantes entre ambos modelos. Los bancos cuentan con herramientas legales más rápidas para ejecutar deudas, incluyendo embargos sobre cuentas, salarios o bienes. En cambio, muchas fintech operan con contratos digitales cuya validez ejecutiva todavía genera debates judiciales, lo que vuelve más compleja la cobranza.
Ante el crecimiento de la mora, varias entidades comenzaron a ofrecer refinanciaciones, reducción de intereses y planes de pago de hasta 72 meses. El dato llamativo es que muchos de esos programas no se publicitan masivamente: el cliente debe solicitarlos de manera directa.
Mientras el Congreso debate una ley de “Segunda Oportunidad” para reestructurar deudas familiares, el sistema financiero enfrenta una nueva realidad: cada vez más argentinos viven al límite entre el crédito y el incumplimiento.


