Se profundiza la crisis de donantes de sangre en Argentina: “Impacta directamente en la salud pública”
Argentina enfrenta una de las caídas más marcadas en la donación voluntaria de sangre de las últimas décadas, una situación que ya impacta en la capacidad de los hospitales para responder a emergencias, cirugías y tratamientos complejos. La escasez no es un problema abstracto: se traduce en demoras, reprogramaciones y, en algunos casos, en riesgos concretos para los pacientes.
La sangre es un recurso que no puede fabricarse. No existe hoy una alternativa artificial de uso clínico masivo, y además tiene fecha de vencimiento. Los glóbulos rojos, el plasma y las plaquetas —los tres componentes que se obtienen de cada donación— solo pueden conservarse durante un tiempo limitado. Por eso, incluso en períodos sin grandes catástrofes, el sistema necesita un flujo constante de donantes.
Las necesidades son múltiples. Personas con leucemia, talasemia u otras enfermedades hematológicas dependen de transfusiones frecuentes para sobrevivir. A eso se suman cirugías cardiovasculares, trasplantes, partos complicados, accidentes de tránsito y traumatismos graves, donde la pérdida de sangre puede ser rápida y letal si no se actúa a tiempo.
Desde los servicios de hemoterapia advierten que el problema no es solo la cantidad, sino también la irregularidad. En Argentina todavía predomina la donación “de reposición”, cuando familiares o amigos donan solo porque alguien cercano lo necesita. Ese modelo no garantiza reservas estables. El sistema moderno de salud requiere donantes voluntarios y habituales, que permitan planificar y sostener los stocks.
La Ley 22.990 regula todo el circuito de la sangre en el país, desde la selección del donante hasta la trazabilidad de cada unidad, con estrictos controles de calidad y seguridad. Sin embargo, el marco legal no alcanza si la población no se involucra.
Las estimaciones oficiales indican que si entre el 3% y el 5% de las personas sanas donaran sangre dos veces al año, Argentina podría cubrir toda su demanda transfusional. Hoy, esa meta está lejos de cumplirse. Mientras tanto, cada donación sigue siendo una diferencia vital: un solo gesto solidario puede ayudar hasta a tres pacientes distintos.


